Aumento de pecho (Mamoplastia de aumento)

Es la técnica quirúrgica que permite el embellecimiento y aumento del volumen de las mamas mediante la inclusión de un implante en un plano quirúrgico creado a partir de un diseño que tiene en cuenta: las características anatómicas de la mama (tanto de su forma, como el grosor, consistencia y patrón tisular de la misma); su posición en el tórax de la paciente; características anatómicas de dicha pared torácica y por supuesto las preferencias y deseos de la paciente.

¿Por dónde colocamos las prótesis? Vías de abordaje

Las vías de abordaje para la inclusión del implante son la areola, surco submamario y la vía axilar; todas dejan una pequeña cicatriz que, aunque necesita de su tiempo de evolución para que tengan un resultado estético óptimo, acaban siendo imperceptibles. La elección de una u otra vía depende de la preferencia de la paciente y también del caso en cuestión puesto que pueden haber situaciones que limiten el uso de una vía o aconsejen el uso de otra. Todas tienen sus ventajas y desventajas y se trata de analizar en cada caso cual puede ser la más aconsejable.

  • La vía submamaria es el abordaje más anatómico y de más lógica quirúrgica porque utiliza un pliegue natural para esconder la futura cicatriz. Permite el acceso al plano quirúrgico sin incidir la glándula mamaria ni atravesar los conductos de la misma que ponen en comunicación la glándula con el exterior a través del pezón y que pueden estar colonizados por microorganismos bacterianos. Es por esto que esta vía deja la mama “limpia” desde el punto de vista radiológico, minimiza el riesgo de contaminación intraoperatoria del implante (y por tanto minimiza el riesgo de contractura capsular) y respeta las terminaciones sensitivas que acaban en la areola de la mama.
  • La vía periareolar deja la cicatriz en la periferia de la hemicircunferencia inferior de la areola. Es una vía muy popular entre las pacientes porque  la cicatriz resultante consigue  el resultado estético deseado en estadíos muy tempranos, pudiendo llegar a ser imperceptible si la cicatriz se pigmenta de manera natural. Desde el punto de vista del cirujano, esta cicatriz, a diferencia de la submamaria, permite realizar cambios intraoperatorios en cuanto a la posición  del futuro surco y facilita el remodelado de la glándula mamaria en aquellos casos en los que se necesitan técnicas para cambiar la forma y patrón de distribución, como es el caso de las mamas tuberosas o mamas asimétricas. También facilita el manejo del polo inferior en casos donde es necesario técnicas adicionales que faciliten su expansión. Esta vía precisa de un tamaño mínimo de la areola, por lo que no se aconseja en pacientes con areolas particularmente pequeñas.
  • La vía axilar es una vía de acceso muy solicitada por el atractivo que tiene el hecho de dejar la cicatriz fuera de la mama, aunque en un lugar que podría estar más expuesto. Nosotros utilizamos esta vía a petición de la paciente y limitado a casos en los que vamos a poner implantes no excesivamente grandes y que no precisen del descenso del surco submamario, para conseguir un resultado anatómico y óptimo.

En nuestra experiencia, la cicatriz es uno de los aspectos que generan más preocupación en una paciente antes de ser operada, sin embargo, una vez realizada la intervención es algo que queda en un segundo plano y que no supone ningún problema.

Instruimos a las pacientes a partir del primer mes de las opciones terapéuticas y recomendaciones para conseguir el mejor resultado, aunque será el paso del tiempo lo que confiera a la cicatriz del aspecto imperceptible y discreto que deseamos.

¿Dónde colocamos los implantes? Plano de disección.

El implante se colocará bien detrás del músculo, detrás de la glándula, subfascial o doble plano. La elección de estas posibilidades dependerá de  características anatómicas de la paciente (como cantidad de mama y grosor de tejido adiposo), sus hábitos, actividad deportiva y preferencias.

  • El plano submuscular es el que utilizamos en la mayoría de los casos, colocando el implante detrás del músculo pectoral dejamos el implante más protegido, más cubierto por lo que camuflamos la presencia de la prótesis y suavizamos los contornos de la mama consiguiendo resultados más naturales y armónicos. Pero además, el hecho de estar cubierto el implante por un tejido grueso y muy vascularizado, protege mejor al implante frente a posible contaminación bacteriana, disminuyendo por tanto, la posibilidad de infección y también de contractura capsular.
  • Siendo más precisos, la técnica que utilizamos con mayor frecuencia, es el dual plane. Se trata de una variante quirúrgica del plano submuscular en la que el implante se encuentra detrás del músculo. Para ello, seccionamos las inserciones más distales del músculo pectoral en la costilla, de modo que el músculo no atrapa el implante, lo cubre dejándolo liberado y más en contacto con la glándula (en su porción más inferior). La principal ventaja es que evita el desplazamiento hacia el polo superior del implante o movimientos indeseables con la contracción del músculo pectoral, fenómenos indeseables del plano submuscular que hemos conseguido evitar con esta técnica. También existe la posibilidad de despegar la glándula mamaria del pectoral, consiguiendo un efecto de realce de la mama para solventar casos leves de ptosis mamaria.
  • El plano subglandular alberga el implante detrás de la glándula mamaria y delante del músculo pectoral. Reservamos esta técnica para pacientes que tienen un panículo adiposo y una glándula mamaria gruesa, de modo que podemos dejar el implante bien cubierto sin utilizar el músculo. Eso sí, siempre que vayamos a utilizar implantes no demasiado grandes y que preveamos que no va a haber gran atrofia de los tejidos con el paso del tiempo. También aconsejamos esta opción en pacientes deportistas profesionales, en las que por encima de todo haya que evitar la lesión muscular y conseguir la reincorporación a la actividad deportiva lo antes posible.
  • El plano subfascial es una variante del plano subglandular en la que despegamos la fascia del pectoral y la añadimos como cobertura entre el implante y la glándula. Hacemos esta técnica de rutina cuando indicamos el plano subglandular, a no ser que existan problemas de expansión del polo inferior. En ese caso, no nos interesará incorporar la fascia.

¿Qué tipo de implantes utilizamos?

Las prótesis son siempre de gel cohesivo de silicona de última generación y están garantizadas de por vida. Pueden ser anatómicas o redondas. Dependiendo del caso, será preferible una forma u otra, y la opinión de la paciente será fundamental.

En general nos decantamos por implantes anatómicos cuando la paciente presenta una hipoplasia severa de la mama, mamas tuberosas, mamas asimétricas y cuando la paciente enfatiza su deseo por un pecho natural. También aconsejamos implantes anatómicos en casos de ptosis (caída de la mama) de bajo grado, en los que el descolgamiento se puede solucionar con un implante o en casos de mastopexias con implantes, por el mejor comportamiento de la mama con respecto a la prótesis cuando ésta desciende con el paso de los años.

Aconsejamos implantes redondos en pacientes con mamas bonitas y proporcionadas que concentran más volumen en el polo inferior; en mamas que han quedado vacías tras lactancia, embarazos, adelgazamiento, etc pero que conservan una forma adecuada; y para aquellas pacientes que solicitan mamas con el polo superior especialmente lleno y convexo.

El volumen dependerá de los deseos de la paciente y de una serie de medidas anatómicas de la mama y de la pared torácica que serán tomadas en la primera visita postoperatoria.

Intervención

La intervención se realiza bajo anestesia general ya que es la anestesia más segura y más confortable para el paciente. En casos seleccionados podemos realizar la intervención mediante anestesia local y sedación, aunque no suele ser nuestra primera opción.

La cirugía tiene una duración de 1h a 1h y 30m.

Somos partidarios de mantener a la paciente bajo ingreso hospitalario, con el fin de que reciba una asistencia más completa, mejor control analgésico y mayor seguridad y tranquilidad para ella y la familia.

Postoperatorio

Una vez la paciente ha sido dada de alta, pedimos reposo en domicilio durante cuatro días y una adaptación progresiva, con el fin de que la paciente se pueda reincorporar a su vida familiar y laboral en 7 días, aunque este aspecto también  se debe evaluar de manera individualizada.

Los pacientes son controlados durante el primer mes con visitas semanales para seguimiento, curas, retirada de puntos y para recibir información y consejos de manera progresiva.

Se deberá llevar un sujetador especial y a veces una banda durante un mes.

Desaconsejamos cualquier tipo de masaje.

La paciente podrá reanudar sus hábitos deportivos a partir del primer mes.

Llevareis un vendaje unos días y un sujetador especial 1 mes.

Como podéis observar, a la hora de planificar la cirugía influyen muchas variables y factores que hay que tener en cuenta. Es mucha información la que la paciente debe transmitir y el cirujano ha de saber interpretar para establecer el plan quirúrgico más óptimo y tomar las decisiones más adecuadas.

No existe una fórmula universal, pero la paciente debe de ser evaluada rigurosamente y escuchada con interés y atención. Es fundamental que la paciente esté bien atendida, bien informada, bien operada, y por supuesto, y no menos importante, una paciente que tenga mucha, mucha ilusión.

Pide cita